LA LOCURA DE AJAX

ODISEO.— ¿Y por qué arremetió contra los rebaños?

ATENEA.— Creyendo que manchaba sus manos con vuestra sangre.

Sófocles

Así como Ajax rebana los cuellos de las reses 

Y vierte su sangre pensando en la de los Átridas, 

La locura es la ira excesiva del injusto Principe

que, creyéndose destronado, arremete contra la ilusión. 

Inventa argumentos como quien teje 

Las pieles del enemigo para hacerse un traje a medida

O arguye tretas como Odiseo en Caballos de madera 

Donde solo se oye el eco de sus delirios. 

Eolo susurra el viento que emponzoña el Norte

Al marinero que no quiere ponerse cera en los oídos

Para esquivar el acantilado por el que se despeñará,

Sin remedio, la nave hacia su destrucción. 

Oración fúnebre antes del entierro, 

Es la locura porque Ajax no comprende 

Que el botín no eran oro ni tierras 

Sino volver con vida del delirio fratricida. 

“Ego solus ipse”, oirá en su cabeza 

Aquel que se empeña en buscar males donde no los hay

Y gritar ante el carcelero silencioso desconociendo 

que fue él quien se encerró en la mazmorra. 

Solo hay una llave para salir, la mirada. 

Difícil de educar cuando se ha tenido un reino muerto

Y la hybris fue el precepto por el que se guió

Aquel que sacrificó ovejas pensando que eran reyes. 

LUNES COMO TÍTULO

Un pueblo más allá de la periferia me cobija. 

La vida está bien. 

Algo tan vulgar como pronunciar “leche” basta 

Para que se forme un remolino de significados, 

Y descubra que no necesito vallas en mis pasos

Porque vivo entre la urbe, el campo y las montañas,

Y el cielo es bello 

Como un poema sin moral de esclavo.

Siento como una ciencia exacta que, 

Cuando haya andado las mismas vueltas al sol 

Que he transitado, mi cuerpo, mi alma 

Y esa manía de perderme entre las calles y las cosas

serán el recuerdo de alguien que, como todos, 

Inventó su vida lo mejor que pudo vivirla. 

Sin embargo, estoy listo y convencido para partir, 

Eso indica que quiero vivir.

La vida está bien, 

Y bien es insuperable. 

EL FARO

La misión del faro es alumbrar para que los barcos no choquen contra las rocas.
Cometido de altruista luz sobre el agua turbulenta y, en ocasiones, oscura.
“Un poco más, estás a punto de llegar”, parece que dice su luz.

En lo alto de la pierda, nadie más que él.
¿Por qué me construyeron solo?
¿Quién alumbra a un faro?
¿Quién le protege de su fulgor?

Mas ninguna voz espera porque no hay tiempo que perder.
Son muchos los que deben arribar y correr por la playa de arena brillante,
Son muchos los que deben reencontrarse con su alma.

Un día, un pájaro se posa sobre él.
Pero no es ave negra de impertinente graznido,
Sino alas de terciopelo gris que con el tiempo se tornarán blancas.

“Tú no puedes más que soledad, te clavaron en la piedra
Porque así puedes tener pies en el suelo y cabeza en las nubes”
Le canta el pájaro desde lo alto de su testa de roca.
“Ese es tu destino y deberás soportarlo con estoica paciencia,
Porque solo puedes alumbrar mas no parir”.

Una vez, entendido el subtexto de su misión,
El faro sabe que no puede permitirse lágrimas falsas
Ni pataleo de niño impertinente porque la soledad no duele
Cuando se esfuerza con empeño de cíclope
En arrancar piedras de Sísifo, cadenas de Prometeo,
Puñales de Clitemnestra o delatar caballos de Troyas sin valientes.

El faro no tiene quien lo alumbre,
Ninguna luz se posa sobre él más que la de Apolo
Que declina cuando su único ojo sigue abierto para guiar
E iluminar almas que creyeron ser piedra.

FOTO: @alexadeblois

PASEO CON BOZAL Y AÑORANZA

Los ojos siguen buscándose a pesar de las prohibiciones.
Como si fueran una suerte de ilegales, saltan la frontera de celulosa
E impactan contra pupilas ajenas diciendo: “aún hay alguien aquí dentro”.
Se echa de menos el tacto, los contornos de un cuerpo al que le sobra espacio
Porque dicen que, ahora, el aire está podrido, envilecido por un bicho.

Alguna lágrima se escapa al ver la distancia que aún nos queda para encontrarnos
Porque los paseos cuando cae sol se aconsejan en soledad.
La vallas hace tiempo que dejaron de ser visibles
Y ahora nos las receta un médico o un político metido a galeno.
La mente golpea las fronteras del cuerpo porque ve miradas iguales
Pero no entiende por qué no puede abrazar, palpar o besar.

¿A qué dios eterno o del capital hemos enfadado para esta cárcel?
¿Por qué aceptamos tan rápido la reclusión si no somos inmortales?
Solo lanzan preguntas los ojos que cumplen normas injustas
Pero aun así seguimos mirando al frente y el cielo se siente tan solo como siempre,
Mientras los tecnócratas nos dicen que no podemos tomar el sol en la playa
Porque, ahora, se supone que es suyo todo lo que vemos
Que ellos deciden sobre un astro que está a miles de kilómetros de su avaricia.

Sin embargo, los ojos quieren escapar aunque las piernas no respondan;
Quieren saltar el muro atado a las orejas y correr a una época ya inexistente.
Han descuartizado la vida y nos culpan, mientras nos hacen morir
Y dicen absurdeces como que el bicho no entiende de territorios
O de clases sociales o de anhelos de libertad.
Pero existen cárceles diferentes, unas más densas que otras,
Unas más políticas que sanitarias y nadie baila más que al son del miedo.

Mientras paseo por el pueblo y busco ojos o me entretengo
En algún trazo olvidado bajo un vestido de algodón,
Invento que ese bozal me convierte en un ninja,
En alguien capaz de surcar el aire saltando de un árbol a otro
O, me digo, que tampoco estoy tan mal e intento sonreír por si se nota
Bajo la mordaza impuesta por quienes deben justificar el stock de la prudencia.

Aun así, lloro mientras me enveneno con mi CO2.
Echo de menos el roce de quienes dejé al otro lado de la historia
Y pienso que necesitamos algo más que ojos atrapados
Y que gritan en silencio para escapar de esta jaula.
Solo estoy seguro de una cosa: los ojos no entienden de bozales.

LO SIENTO

Lo siento, si no me paso el día corriendo de aquí para allá, diciendo que estoy muy estresado, que no llego a nada o que el mundo me sobrepasa,
para luego terminar en un bar bebiéndome las penas con mi mejor amiga o rodeado de personas que no me importan más que tres sorbos;
lo siento si no me gusta que quienes viajamos en metro no podamos estar tranquilas
porque siempre hay alguna malabarista, maga, cantante o instrumentista que tiene que ganarse el pan vociferando o siempre hay alguien que está a punto de conseguir el último nivel del Comecocos de turno;
lo siento, si no quiero vivir en un lugar donde para sentarme o mantenerme de pie en el autobús debo saltarme todas las normal éticas y convertirme en una gaviota ansiosa en un vertedero;
lo siento, si no me apetece convivir con niños desquiciados y egocéntricos, criados por personas igual de desquiciadas y egocéntricas, y que crían a sus cachorros apestando a vermut o cerveza,
Y pensado tonterías como que los refrescos se beben con pajita o que las croquetas mejor de merluza que de verduras;
lo siento, si no quiero participar en juegos exhibicionistas, de vértigos impostados, de camarillas de superficie, de pocos sentimientos y muchos intereses;
lo siento, pero no quiero más ataques de ansiedad cuando bajo a la ciudad y empiezo a recibir empujones, malas caras, pisotones solo porque a las demás se les ha vuelto loco el reloj y los horarios;
lo siento si no vivo en una agenda como la gente normal;
lo siento, si no sueño con una pareja cauta y que parezca que me quiera o una follamiga de quítame ya esas pajas;
lo siento, si no quiero ganar puntos en la empresa o la secta donde trabaje o tenga mis ilusiones hipotecadas lamiendo testículos arrugados o alabando a aquellas que luego acuchillo;
lo siento, si no creo en el coste oportunidad o en la inversión o en la recalificación o en la usurpación de los bienes emocionales de quienes me aplauden las miserias;
lo siento, si no quiero esperar a alguien que me mienta un te amo durante unos meses;
lo siento, si no tengo ninguna crisis de identidad que quiera superar con mujeres más jóvenes
mientras ignoro que me he convertido en un babas patético que se las da de artista;
lo siento por haber perdido la fe en esta burbuja que no protege;
lo siento, pero no puedo perder más tiempo, no tengo la vida eterna,
siento que nadie dice la verdad aunque la sepan,
que hay demasiada gente paseando entre bambalinas
y esos muertos, lo siento, pero me dan miedo…

¿DE QUÉ PUÑAL…?

Silencio intencionado ante la mano que usurpa.
Complicidad y cobardía en el silencio
De unas coletas cercenadas en un vestuario.

Nunca entendí por qué había que odiarlas cuando decían
Y amarlas cuando callaban y olían bien,
Por qué el vestido de flores y nunca la camisa de cuadros.
¿Quién dictaba normas, preceptos y leyes?

También era yo. Ahora lo veo al agachar la cabeza
Porque entiendo hasta qué punto mis ojos
cuestionan, censuran y oprimen
Por inercia de cadena de padre a hijo.

No entiendo este látigo homicida
Pero lo he utilizado cuando mi deseo no era correspondido;
Nunca quise un cuchillo, aunque lo lancé
Al sentir el abandono.

No seré cínico y diré que nunca vi
La oportunidad de utilizar la palabra adecuada,
El gesto preciso y la palmada justa.
Mi voz y mi lengua también fueron guillotina.

Haber sido arrebato del lado del verdugo
No me exime de tener la manos rojas
(aún no sé si de vergüenza o de sangre),
Ni me otorga derecho a premio por redención.

Un asesino siempre amará la sangre,
Un verdugo siempre querrá ejecutar.

Esa es la condena. Lo mejor,
No hay rehabilitación ni premio,
Solo sembrar y esperar a que nazcan
Aquellos que no sepan de qué puñal se trata…

COCA-COLA

En casa siempre había una botella de Coca-Cola.
Nunca supe del todo de qué se trataba pero cuando mi tía o mi abuelo sacaban una botella de ese líquido entre granate y negro
Y que burbujeaba bajo mi nariz haciéndome sonreír,
La vida se transformaba.
No obstante, estábamos en los ochenta y nos creímos el happy end.

Pero era cierta la sonrisa cuando dabas un sorbo,
Y algo debería andar mal en nosotras para que Coca-Cola fuera felicidad.
Habrá que reconocerlo. Éramos adictas a creernos
La vida tal y como nos la vendían porque no conocimos nada más
O porque nos hablaban de un infierno de escasez y esclavitud.
Aún creímos en Ronald McDonal o Ronald Regan.

Cuánta credulidad en nuestra inmortalidad
Mientras tragábamos litros de un líquido que disolvía la carne
O, que decían, desatascaba las tuberías.
Eso es fe y no ir a la Iglesia cada domingo.
¡Alabada sea la Coca-Cola! ¡Gloria eterna a la felicidad!

FISIOLOGÍA

Hace tiempo que siento el agujero del pecho
(ese por donde se cuela el viento de las derrotas)
más hondo en cada calada. ¿Cáncer o soledad?
“La primera opción sería más digna”, pienso.

Al menos, contra el cáncer hay alguna cura;
en cambio, para la soledad lo de siempre: gintónic, marihuana o cocaína
(eso depende del bolsillo) y poemas llenos de lagrimas que son soplos.
Ya se sabe las alfombras de las poetas son yacimientos de dolor.

El nudo ha bajado de la frente a la garganta.
No se diluye. Aprendo a convivir con el suave escozor del esparto.
No hay drama en la deriva sino dignidad;
un tesoro podrido por el metal y el tiempo
y que mantiene los huesos rectos y humillados.

¡Ah! Terminar un texto sin sentir dolor o alivio sino poesía.
¡Un poema más allá de la fisiología! Esa si sería una victoria…

FOTO: Laura Manuela

BUCÓLICA

Miro al techo pidiendo a las palabras que me aplasten sin piedad,
y desaparecer de este delirio de muñecas grotescas
que me dan las bienvenida al parque de los horrores.

La alquimista se peina con el espejo tras de sí.
No es una musa o un trozo de mármol sino un laberinto.

Entre la tecla y la letra, ahí quiero morir.
Caería hacia atrás (imagen típica de yonki o suicida)
y me dejaría engullir por los delirios que la alquimista desliza sobre la mesa.

Un chute suave y certero que me abriera la cabeza
y la alquimista, celosa de su trabajo, silbaría un réquiem
mientras seca la sangre de mi sonrisa.

FOTO: Carmen Coque

QUERER MORIR

Se han agotado hasta las últimas reservas de fe.
Se han inventado dioses de barro,
Brindado un viernes cualquiera por la noche
O ilusionado con una flor en mitad del desierto.
Sentado en un parque,
Con los párpados como persianas cansado de ver lo mismo
Repaso las últimas notas:
“hoy es domingo, pollo a l’ast, como siempre.
Después sofá, ácaros y costumbre.
Nada nuevo desde el último lustro”.

Aunque morir no se pude hacer de cualquier modo.
Morir no puede ser una chapuza, una improvisación.
Tampoco se busca solemnidad. Salir sin hacer ruido.
Querer morir no es un capricho,
No es reversible una vez se ha sentido su verdad,
No es un acto egoísta o de desprecio;
Sino un acto de honradez, de valentía.

Girar el tambor para matar el temblor.